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El Yo creativo

Hubo una vez en la vida de cada uno en la que podíamos colorear con una caja de Plastidecor. Podíamos hacer garabatos, e incluso salirnos del papel, sin que nadie pusiera el grito en el cielo.

Éramos creativos, realmente lo éramos. Teníamos poco más de dos años y nos duró dos meses, a los que más un año. El tiempo justo en que algún iluminado, como tu padre o profesor de guardería, tarda en decirte: “no, el azul, no. Los árboles son verdes. Toma este color mejor” o “¡Anda!, ¡qué bonito te ha quedado! ¿Qué es? ¿Una casita?”.

- Respuesta que querías haber dado en ese momento: “¡No, hombre! Es un garabato, ¿no lo ves?” - Respuesta que tú, indefenso y queriendo demostrar que eras mayor, diste: “Sí, una casita”.

Y ahí, justo ahí, tu Yo creativo se escondió, se avergonzó de ser quien era y trató por todos los medios de no salir más, a menos que lo llamaran insistentemente.

Cuatro o cinco años más hiciste llamadas continuadas a tu Yo creativo, hasta que, de un plumazo, tus Plastidecor fueron sustituidos por un boli Bic y un cuadernillo de cuentas. Tu Yo creativo abandonó su misión y se fue a llorar a su rincón.

Por lo general, los profesores de Plástica han seguido, y siguen, un patrón enfocado a que todos mantengamos un nivel “medio-aceptable” de pseudo-creatividad con el que cubrir el programa lectivo. Es raro el que fomenta realmente tu creatividad sin igualarla a la de los demás:

- “Día de la madre, todos a hacer un regalo a mamá. Pintaos la mano de témpera roja. Estampadla sobre esta cartulina azul. Dejadlo secar. Lavaos la mano. ¡Muy bien! ¡Qué creativos!”

A partir de ahí, y a menos que eligieras encaminarte a una carrera o profesión de humanidades en la que dieras con uno de esos “profesores raros”, nadie más volvería nunca a querer aflorar tu Yo creativo. ¿Para qué? No es cosa de tu incumbencia. No eres “de letras” y, aunque lo fueras, nadie quiere ideas que vayan a revolucionar demasiado a las empresas.

Entiéndelo, no es culpa de los profesores, tampoco de las empresas, ellos también han sido programados. Todos estamos programados de alguna manera para que pensemos como robots, para que no nos movamos de esa media que da seguridad a nuestra sociedad controlada, somos hormigas que debemos trabajar con metas predefinidas. Todas juntas.

Durante los últimos doce años, he tenido la oportunidad de participar activamente en workshops o talleres de extracción de la creatividad de equipos multidisciplinares de trabajo, en diferentes empresas, públicas y privadas, nacionales e internacionales, de diferentes ámbitos y sectores.

Mi trabajo, como el de mi equipo, es gritar muy fuerte. Tan fuerte que consigamos despertar al Yo creativo de todas las personas que haya en la sala. No nos gusta trabajar con personas. Las personas son cajas portadoras de cosas maravillosas, pero sólo cajas. Nos gusta trabajar con Yoes creativos que, unidos a los nuestros, creen soluciones fantásticas y que es inimaginable plantear con personas. Yoes creativos que aportan por igual, sin importar el puesto jerárquico que se ocupa en la empresa, si se es tímido o extrovertido, o si su caja portadora se cerró antes o después.

En estas sesiones de creatividad estratégica podemos observar cómo un informático o un gestor pueden ser mucho más creativos que un escritor o un diseñador que, en un principio, estaban programados para ello. Pero no es la fuerza de uno de ellos, sino la de todos juntos, la que dará el resultado óptimo al problema planteado. Cada idea nutre una siguiente y se alimenta de una anterior, la hayas tenido tú o no.

En los últimos años y, sobre todo en épocas de crisis en las que debes destacar más que nunca de tu competencia cada vez más empresas se están dando cuenta de la necesidad de tener individuos creativos y una política de empresa creativa. Cuando las personas, pero sobre todo cuando las compañías, despierten definitivamente su Yo creativo, cuando lo dejen salir y no se avergüencen de él ni de qué dirán si no es lo que todos esperan, conseguiremos gestiones creativas, mucho más eficientes que las que nos hunden poco a poco o mantienen a flote hoy; productos innovadores y diferenciadores; servicios memorables; estrategias de negocio bien definidas y ágiles para soportar el tiempo y el cambio que implica la vida; conseguiremos ser personas y compañías creativas e innovadoras y dejaremos de ser para siempre, y en todo lo que nos propongamos, cajas portadoras.

La creatividad puede salir de cada uno de nosotros sabiendo cómo llamarla, muy alto y muy insistentemente. Está ahí, lleva dormida mucho tiempo y hay que saber despertarla. Una vez lo hayas conseguido, mantener despierto a tu Yo creativo y recuperar tus Plastidecor dependerá de ti. Sólo de ti.

Sobre el autor

Irene Aranda Barrio
Irene Aranda Barrio
Trabajo en Capgemini desde el año 2000. Durante este tiempo, he participado en proyectos que implican dirección creativa, diseño de interacción, estrategia de negocio, diseño de productos y servicios, y gestión de equipos, tanto para web como para dispositivos móviles. Además, soy profesora asociada de la U-tad, en la asignatura de El proceso creativo.

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